
Cada tanto aparece algún artículo hablando de lo ocupados que están los niños hoy en día, con tantas actividades extraescolares... bueno, yo se lo que es eso, puesto que soy una superviviente.
Como hija de una familia de clase media burguesa, fui enviada a tomar clases de las disciplinas más variadas, tanto en Lima como en Buenos Aires, las dos ciudades donde transcurrieron mi infancia y adolescencia. Hace poco mis hermanas y yo nos pusimos a hacer memoria y la lista era larga, por no decir espeluznante. A saber: ballet, telar, cerámica (en esto si persistí, y además fue la puerta de entrada para mi debut en la tele, esto lo contaré más adelante), flauta dulce, guitarra (tengo nulo talento musical), marinera (baile folclórico peruano), gimnasia acrobática, natación, danza jazz, tenis, dactilografía, informática (allí conocí al que sería mi marido, no se si esto es bueno o malo : S), inglés y francés. Esta lista no computa las clases privadas de francés para entrar al Sagrado Corazón Recoleta (Lima, Perú, a los diez años), las de contabilidad para ser admitida en el (otra vez!) Sagrado Corazón de Buenos Aires (este era sólo de mujeres) y las de física porque simplemente no me enteraba de nada.
Y ya me estaba olvidando de mi experiencia en las girlscouts, donde (ya no recuerdo bien como era el sistema) pero si que vestíamos un uniforme, la clásica pañoleta y obtuve algunas estrellas en esos eventos especiales que tenían lugar los sábados.
El colegio de Lima era también pródigo en lo que hoy se llamarían "extras", así que allí aprendí a coser (a mano y a máquina), a bordar (punto de cruz) y a hacer ganchillo. Lamentablemente no pude lucir mucho estas habilidades en mi vida de casada, pero claro que era mejor perder el tiempo allí que perderlo en clase de biología (la ameba y el paramecio, que alguien me diga para qué sirve eso!).
A veces me pregunto si esto del multitasking tiene su origen entonces...

