Hubo una época en la que suscribía la frase "todo termina mal porque sino no terminaría". Con el paso del tiempo he podido comprobar que no siempre es así... pero los finales suelen dejarme triste igualmente. Y casi que prefiero cuando me dejan a mi, al menos no tengo que preocuparme de dar razones, sólo de implementar una política de control de daños para que la ruptura no se lleve por delante el resto de mi vida cual efecto dominó.
Pero dejar a alguien puede ser incluso más duro que la opción anterior. Cómo transmitir el amor que muchas veces queda, la pena por el final y a la vez la sensación/decisión de que no hay mucho más que decir (o hacer, claro)?
Cuando miro hacia atrás me doy cuenta que lo que extraño es a mi misma cuando tenía ilusiones, cuando aquello empezaba, cuando creía. Cuando lo veía y las mariposas en el estómago empezaban a volar, cuando los castillos en el aire se construían casi solos y yo los miraba crecer. Cuando su mirada hacía que se iluminara la mía, cuando esa sonrisa era preludio de tantos mimos, y volver a empezar.
miércoles, 28 de marzo de 2007
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1 comentario:
Desde ese espacio común que también comparto en muchos puntos de mi historia personal te envio un abrazo
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